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Si hay una desgracia equivalente a la cagá que está quedando en Chiloé con la muerte de la Pincoya a manos del salmón infectao ykezaen, es el brutal asesinato que le están propinando a las películas animadas para pendejos que son “localizadas” en Chile.

La moda que empezó Stefan Kramer el 2015 al destruirle la voz a un personaje en Los Pingüinos de Madagascar, no solo es una de las peores y más diabólicas ideas del marketing nacional, es derechamente un robo a mano armada.