Diciembre es un mes culiao, hay que decirlo con todas sus letras. El estrés consumista (dejado de lado a ratos este año por el estallido social), esa presión de terminar las hueás antes de que caiga el clásico «veámoslo el otro año» y el intento de llevar algo más a la mesa durante las fiestas, complementado con una cajita de mercadería que viene con el tarro de duraznos, el pan de pascua o el colemono, hacen que ese intento de venderte paz y prosperidad se pierda totalmente.

Pero a veces ocurren cosas que te hacen creer que navidad es una época mágica, donde algunos sueños que parecen imposibles se hacen realidad. Y sin que nadie lo pidiera, le hicieron el mejor regalo que este sitio que publica tarde, mal y nunca y que se porta más como el hoyo que Piñera pudiera pedir.