HPDN: El lúgubre submundo de los Colegios 2×1 en Chile


Por Profesor Betanzo, que ahora trabaja de cajero en un OK Market porque es más rentable.

Desde su concepción, los liceos 2×1 fueron pensados para gente que por diversos motivos, no habían podido terminar su educación escolar, ya sea básica o media. Fueron pensadas para mayores de edad que trabajasen durante el día y terminasen durante la noche, porque solo funcionaban en jornada vespertina y en su mayoría, eran parte de liceos municipales o de iglesia. En esos años, no cualquiera podía estudiar en “la nocturna”, porque la mayoría tenía como requisito principal, que el alumnos trabajase durante el día.
Sin embargo, a principios de los dos miles, nuestras ágiles autoridades permitieron la apertura de colegios 2×1, que fuesen administrados por privados, como un colegio particular subvencionado y todo se fue a la chucha. Este hecho permitió la proliferación de colegios más ordinarios que el server de Lumpenpower y que no tenían otro fin, que hacer que el dueño del colegio se forrara en plata. Y la hueá es cuática.

A continuación un testimonio real de lo que es trabajar en Chile en estas mierdas de instituciones malparidas en Loserpower, la única página que me dio el espacio pa publicar esta weá.

Con nombres en inglés o levantados de raja como Instituto Baden Powell o George Michael College, empezaron a aparecer como callampas después de la lluvia y su principal diferencia, es que no sólo funcionaban la jornada de noche sino que, tenían las jornadas de mañana y tarde y así captar más alumnos. Obviamente, la gran mayoría de los alumnos que se matriculaban, eran cabros que habían tenido un largo recorrido por otros colegios, con un prontuario de indisciplina y expulsiones, que no tenían otra expectativa que sacar su cuarto medio.

 

La asistencia

En el que me tocó trabajar a mí (soy profesor), había de todo un poco: gente esforzada, pendejos preocupados que querían subir su NEM, cabros que no se sentían cómodos en un colegio normal y cumas de mierda, que en vez de andar aplanando calles o tomando tropiloco o fumando paragua en las plazas, iban a calentar la silla. La cosa es que, a pesar de sus intenciones, cada día de asistencia significa una buena cantidad de plata por concepto de subvención, por lo que era fundamental que los cabros fueran a clases, aunque fueran a puro hueviar. Un día de inasistencia, menos plata pal dueño.
Lo importante era mantener una buena asistencia, por eso, la asistencia la manejaban desde dirección. Si en un curso de 30 pasabas la asistencia y te topabas con 10 ausentes, al día siguiente te encontrabas que de esos diez, 8 habían llegado atrasados – encerraban el número en un círculo – aunque tú no lo hubieses visto y aunque por ley, la asistencia para subvención corre solo para las dos primeras horas de la jornada. En otros casos, te decían que no pasaras asistencia y que en dirección pasaban la asistencia al ojo. Inflada por supuesto. Si faltaba mucha gente, nos pichuleaban y nos decían que “era por culpa nuestra” y “que nosotros teníamos que hacer mejores clases”



Cuando tocaba supervisión del ministerio, se llenaba el libro de registros de salida con firmas falsificadas, por orden de la directora, para hacer creer al supervisor que el cabro había ido, pero se había retirado, así no quedaba como ausente. Tendrías que haber sido el rey de los hueones para no darte cuenta que la huea era más chanta que el políglota de Viva El Lunes, el perro que habla o el secuestro de Luli pero, “curiosamente” siempre estaba todo bien. Por eso, a fin de año, te encontrabas con hueones que no habías visto nunca en tu vida, pero que pasaban el año con 90% de asistencia. Era tan trucho todo que, cuando jugaba la selección o había un interferiado y penaban las ánimas en el “colegio”, al día siguiente e encontrabas con que la asistencia había estado perfecta.

 

El riesgo social

Como dije, muchos de los alumnos tenían una necesidad real de matricularse en un 2×1, pero había que cumplir ciertos requisitos, como por ejemplo, tener 18 años o cumplirlos durante el transcurso del año porque, según la ley, ningún menor de edad egresase de un 2×1. Pero había un resquicio legal: la condición de riesgo social del alumno, acreditada por un informe de un asistente social. En algunos casos, el informe era real, pero casi siempre, dirección falsificaba el informe porque, una matrícula más, es más platita para el dueño.
Entonces, había cursos llenos de pendejos de 15 o 16 años, cuando por ley, esos cabros debían estar en un colegio normal. Pero, como muchos eran más pajeros que los administradores de esta página de mierda, se iban a un 2×1 para sacar su cuarto medio sin esfuerzo. ¿Y la supervisión? El mismo hueón que revisaba la asistencia, se fijaba en las actas y los informes de los alumnos y claro, tendrías que ser el zar de los pérkines para no darte cuenta que todos los informes eran iguales y que estaban falsificados y firmados por alguien que no existía Pero, curiosamente siempre estaba todo bien.
¿Y los apoderados? Como era un colegio de “adultos” los apoderados no existían y si existían, ellos mismos consentían la falsificación del informe porque “ya estaban superados con la actitud de su hijo y no sabían que hacer”. Otras veces, se trataba de gente que cachaba poco y nada y no se daba cuenta de que su hijo le estaba metiendo el pico en el ojo.

 

Ojo con los pacos

El tipo de alumnos era bien heterogéneo, pero una buena parte no eran de los trigos más limpios y otra era sencillamente, unos delincuentes de mierda. Pero que importaba, lo que importaba es que estuviesen matriculados. Pero claro, el hueón que tenía que lidiar con el lumpen era uno y aunque suene a que uno le está dando color, muchas veces tu integridad física corría serio peligro. Que te chuchetearan al final era un pelo de la cola, lo importante es que no te pegaran o te apuñalaran. Una vez me fui de sillazo en la cabeza y otra vez me trataron de apuñalar con una estaca de carpa – todo muy glamoroso –, pero uno no tenía derecho a quejarse, ni siquiera a sacarlos de la sala porque, según el jefe “esos alumnos te pagaban el sueldo”.

Que los pendejos y no tan pendejos llegaran curaos, era huea de todos los días. Que se agarraran a combos, era tan común como que se cayera este sitio. Obviamente, era uno el que tenía que separar y, si te llegaba un aletazo, era culpa tuya. Pero, con lo que había que tener más cuidado, eran con que los pendejos no anduviesen moviendo yerba o falopa dentro del colegio, porque llegaban los pacos y ahí quedaba la zorra. Podían matar a alguien, pero daba lo mismo, lo que le preocupaba a los dueños era la mantener el colegio “libre de drogas”. De todos modos, era secreto a voces que muchos hacían la transa en la misma sala de clases y uno se tenía que quedar callado.
Una vez eché a un cabro de la sala porque estaba vendiendo yerba y el hueón me armó la casa de putas. Lo llevé a dirección y le dijeron que no podía hacer eso en el colegio y sería todo. Después, me penquearon a mi porque “le estaba dando mucho color”. Una vez estaba tratando de hacer clases y entraron los ratis a la sala a buscar un hueón y se lo llevaron sin que nadie dijera nada. Pero, al otro día, ahí estaba el hueón, lo más campante. De todos modos, cuando llegaba la ley al colegio, la directora daba instrucciones de que no hablásemos con ellos, sólo ella podía contar la versión de los hechos. No vaya a ser que a uno se le escape algo que perjudique la matrícula.
Además, como además los hueones eran enfermos de alumbraos, se iban a furmar sus prensaos con doko al recreo, a la vuelta del colegio, cara de raja en la calle. Muchas veces tocó que llegaron los pacos o la PDI, porque habían pillado a alumnos de del colegio, fumando yerba justo en la salida, como quien se fuma un cigarro. Pero en vez de hacer algo, en dirección preferían hacerse los hueones y dejar pasar la huea. Hueón, si hasta el jefe salía a fumarse su caño al patio del colegio, entre jornadas y además le compraba la merca a los mismos alumnos.

 

Hay que cuidar la plata

Podía no importar la disciplina, la seguridad de los profesores o la exigencia académica porque, la única huea realmente importante era la plata. No habían fotocopias, no habían impresiones, había que reciclar el material y no había ni tinta para los plumones. Todos los gastos iban por parte del profesor. Las salas eran una mierda y con suerte les pasaban una mano de pintura una vez al año. Además, aunque hiciera más frío que la concha de tu madre, no se podía prender la estufa porque había que ahorrar. Los pendejos reclamaban y los que eran mayores se desquitaban con uno, pero ¿Qué explicación podía dar uno? Además, los cursos tenían la obligación de llevar una resma de hojas “para imprimir sus documentos”, pero los hueones eran tan cagaos que imprimían en hojas usadas. Y, aun cuando la ley prohíbe que los colegios soliciten a los alumnos productos de limpieza o pintura, estos giles se los pedían sin asco.

Listado de materiales pal próximo jueves

Era tan importante ahorrar plata, que los dueños llegaban a cagarte con bonos. Si uno reclamaba, te mandaban a la chucha y a, pesar de que se ufanaban que el colegio generaba un ingreso final de casi 15 palos, resulta que siempre decían que no generaban ganancias, que la matrícula había bajado y que casi le hacían un favor a la comunidad. Cualquier cosa que compraban, aunque fueran toallitas higiénicas, las hacían a nombre del colegio. Hasta las compras para la semana en el supermercado del dueño o la bencina que le echaba al auto, pasaba como gasto del colegio. Una vez, el dueño del colegio, que no vivía en la ciudad y viajaba una vez al mes, llegó contando como gracia que se había comprado un Santa Fe en efectivo. Con esas pérdidas, cualquiera.
Pero lo que era más insólito, es que el dueño del colegio, además de la plata que recibía por ser dueño de ese y otros cinco colegios más repartidos en todo Chile, estaba contratado en todos los colegios bajo el cargo de “encargado de informática”, aunque no había un puto computador, con un sueldo de casi un palo. O sea, el hueón se contrató a sí mismo para pasar como un empleado del colegio, para recibir aún más plata. Más encima, los pasajes en avión, gastos de alimentación y otros, eran cubiertos por el colegio, a costa de la plata de la subvención. Imposible más miserable. La guinda de la torta, es que el viejo no podía tener colegios porque estaba inhabilitado por no pago de imposiciones a los profesores, así que la directora hacía toda la pega sucia por él.

 

Hay que celebrar a los niños

Independiente del colegio, las celebraciones son parte fundamental de la vida escolar. A nosotros nos tocaba celebrar el día del alumno, pero na de cooperaciones ni nada, el profe jefe se tenía que rajar con todo para los cabros. Pero, existía la prohibición de celebrar el día del profesor y la huea pasaba desapercibida. De repente llegaban profes que hacían clases en otros colegios con sus regalos y cosas y uno ahí, mirando con cara de pico porque no te había llegado ni un tabletón Fruna. Incluso, tocó que una vez, una caja de compensación nos regaló dos tortas a los profes y en vez de celebrar, la directora se llevó una para la casa y la otra la donó para la celebración en el colegio de su hija.

Para Fiestas Patrias también teníamos la obligación de adornar la sala y claro, teníamos que pagar por la decoración y toda la challa. De todos modos, igual era piola porque habían cabros motivados que armaban buenos asados y teníamos permiso para tomar cerveza y terremoto. Por supuesto que más de alguno quedaba curao como pico, pero esa huea no era nuestro problema.
Durante los aniversarios del colegio, había que estar como hueón organizando actividades y motivando a hueones viejos que no estaban ni ahí. Además, para terminar las celebraciones, hacían una fiesta de gala, que parecía una mezcla de escuela dominical y casa de putas de periferia. Ahí los hueones tenían permiso para quedar como pico “y fumarse sus cositas” y uno tenía que andar preocupado de que no queden tiraos o no se agarraran a combos. Una vez la instrucción fue clara “hay que preocuparse que no se maten no más”. Aunque suene chistoso, costaba mucho, sobre todo cuando llegaban los “invitados”, que se tomaban hasta las molestias y hacían tiritar las carteras. Una vez le robaron el abrigo a una compañera y la suche del jefe le dijo “¿pa que dejai tus hueás ahí?”. Como si uno no pudiese confiar en sus propios alumnos.

 

¿Qué chucha estoy haciendo aquí?

La educación de adultos es una cuestión tremendamente noble, donde uno conoce realidades super duras y gente que se saca la chucha para sacar su cuarto. Pero todas buenas intenciones se perdieron cuando a este montón de sátrapas se les ocurrió ganar plata a costa de las aspiraciones de uno y la flojera de otros. La huea era tan banana que había que poner nota por asistencia y no se podía reprobar a nadie.
Los profes no teníamos sala y ni un puto lugar donde dejar las cosas. Si uno dejaba el estuche en la única “oficina” que había o te lo robaban los alumnos o te lo robaba la directora. Una vez, mi curso me regaló un lápiz bonito y la directora me lo robó porque estaba celosa. Después, apareció con el mismo lápiz, misteriosamente. Quedé picado y me compré el lápiz y la hueá “desapareció” de nuevo. Una noche revisé su estuche y ahí estaban mis dos lápices. En esa misma oficina, uno dejaba el delantal colgado y más de una vez desapareció “misteriosamente”.
Y muchas cosas más, pero en resumen: Una mierda de ser humano. Uno como profe se la juega por las hueas que cree, por los cabros que quieren salir adelante, pero al final te terminai desgastando por una manga de vagos a los que no les importa ni una huea y te cuestionai tu vocación y si vale la pena tanto sacrificio. Pero, la plata siempre es un factor determinante y la mayoría de las veces uno se tiene que quedar callado y aguantar toda la mierda, porque no estay en condiciones de mandar la huea a la chucha. Y eso es una huea que no solo pasa en los 2×1, sino que en el 80% de los colegios de Chile, donde las condiciones laborales y los sueldos son una basura. Cuando cuento esta huea, me dicen porque no fui a la Superintendencia o la Inspección del Trabajo y yo les digo “hueón, he ido tantas veces que me van a poner un escritorio”. Hay como veinte denuncias y juicios, pero no pasa nada y no creo que pase algo.

 

Afortunadamente, salí de ese vertedero y recuperé algo de mi dignidad perdida. A veces me acuerdo y me enojo toda la mierda que tuve que aguantar, pero otras veces se me aprieta el pecho cuando un cabro te saluda con cariño en la calle, te cuenta como está y te da las gracias. Eso es super edificante pero, si uno pone las cosas en una balanza, es imposible compensar el haber trabajado en esas condiciones. Pero, lo que más me da rabia, es que todas esas ganancias, eran plata del Estado, para hacer que los cabros tuvieran una mejor educación y que ellos se la echaban para adentro y más encima, se cagaban con los sueldos y los bonos.

 

Desgraciadamente, esta huea va a seguir pasando y lo peor, a nadie le importa.

 

 

 

 

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